Preguntas frecuentes

¿Qué es el Índice de Coherencia de Políticas para el Desarrollo (ICPD)?
¿Cómo se relaciona con la Agenda 2030/la agenda de cooperación al desarrollo?
¿Cómo evalúa el ICPD a los países?
¿Qué políticas forman cada componente?
¿Qué mide cada componente?
¿Qué diferencia hay entre el ICDP y otras formas de evaluar el desarrollo?
¿Qué otros índices alternativos hay?
¿Por qué no se centra solo en el crecimiento?
¿Por qué 133 países?
¿Cuáles son las regiones que muestra el ICPD?
¿Cuál es el ranking de países?
¿Cuál es la posición y situación en España?

¿Qué es el Índice de Coherencia de Políticas para el Desarrollo (ICPD)?

La Coherencia de Políticas para el Desarrollo (CPD) surge como un concepto que supera la lógica de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) para afrontar los problemas de desarrollo de manera comprehensiva a escala global.

La perspectiva de desarrollo humano debe estar presente en los procesos de toma de decisiones, lo que supone conocer y valorar las consecuencias de la implementación de determinadas políticas –como las comerciales, agrícolas, medioambientales o de seguridad– para otros países, comunidades y personas.

El ICPD es una herramienta creada para medir, evaluar y comparar el compromiso de los países con un desarrollo humano sostenible, justo y equitativo. Nace con el objetivo de ofrecer una alternativa a la hegemónica y limitada visión de los indicadores que habitualmente se usan para medir el progreso, especialmente el Producto Interior Bruto (PIB). El progreso de un país solo es progreso si es a la vez compatible con el de otros países y con el del conjunto del planeta. Por eso, para medir esta relación, hemos construido el ICPD.

El ICPD sanciona y/o premia el comportamiento de los países en base a un enfoque y una apuesta por un desarrollo humano, sostenible, con perspectiva de género, ecologista, basada en los derechos humanos y profundamente cosmopolita, sin dar por hecho que los efectos e impactos de las políticas nacionales afectan únicamente a sus respectivas ciudadanías.
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¿Cómo se relaciona  con la Agenda 2030/la agenda de cooperación al desarrollo?

La Asamblea General de la ONU adoptó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que también tiene la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia. Los Estados miembros de la Naciones Unidas aprobaron una resolución en la que reconocen que el mayor desafío del mundo actual es la erradicación de la pobreza y afirman que, sin lograrla, no puede haber desarrollo sostenible. La Agenda plantea 17 Objetivos con 169 metas de carácter integrado e indivisible que abarcan las esferas económica, social y ambiental.

La nueva estrategia regirá los programas de desarrollo mundiales durante los próximos 15 años. Al adoptarla, los Estados se comprometieron a movilizar los medios necesarios para su implementación mediante alianzas centradas especialmente en las necesidades de los más pobres y vulnerables.

La Agenda 2030 defiende un nuevo enfoque de desarrollo que vaya más allá de la AOD, a través de un cambio en el sistema económico, social y político con el fin de que las generaciones futuras puedan vivir en un mundo libre de pobreza y en el que se respeten los derechos humanos y los límites del planeta. Precisamente este es el objetivo de la coherencia de políticas para el desarrollo y el ICPD nos permite medir el mayor o menor cumplimiento este objetivo. La coherencia de políticas para el desarrollo sostenible es fundamental, por tanto, para asegurar que el progreso logrado en un objetivo contribuye al progreso en otros objetivos.

Para ello, establece varios elementos novedosos, que cambian la forma de implementar las políticas de desarrollo. Por un lado, la universalidad de los ODS: todos los países tienen que aplicar la Agenda, a diferencia de los ODM que era una Agenda destinada a los países en desarrollo. Esto implica también que “nadie debe quedar atrás”, y por tanto, para conseguirlo, la integralidad es un aspecto fundamental, y esto implica que todas las políticas deben tener en cuenta esta nueva visión.

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¿Cómo evalúa el ICPD a los países?

El ICPD evalúa el desempeño de 133 países a través de la valoración de 20 políticas públicas que se concretan en 49 variables1, agrupadas a su vez en cinco componentes: social, ambiental, económico, global y productivo. De las 49 variables, 18 indican valores contrarios a los procesos de desarrollo sostenible (por ejemplo: deserciones escolares, gasto militar o huella ecológica), mientras que las otras 31 indican valores favorables a dichos procesos (por ejemplo: reducción de desigualdad, gasto público en protección social o ratificación de tratados sobre justicia universal). El análisis de cada política incorpora variables que ayudan a determinar el comportamiento, favorable o contrario, en las cuatro dimensiones del desarrollo sostenible: económica, ambiental, social y política.

La definición y elección de estas variables se llevó a cabo por criterios de rigurosidad y estadística. Se utilizaron bases de datos existentes que tuviesen las siguientes dos características: a) disponibilidad de muestras de los países a nivel mundial; 2) suficiente rigor y aceptación en la construcción del indicador.

1 En la página 136 y 137 se puede encontrar una descripción de cada variable: http://www.icpd.info/wp-content/uploads/2016/03/ICPD2016-CAP04.pdf
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¿Qué políticas forman cada componente?

Los cinco componentes que forman el ICPD son: global, económico, ambiental, social y productivo. Cada uno de ellos analiza las siguientes políticas:

Tabla_componentes

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¿Qué mide cada componente?

La valoración que cada país obtiene en cada uno de los cinco componentes se establece a partir de analizar su comportamiento desde la perspectiva de la Coherencia de Políticas para el Desarrollo, por lo que se atiende, no solo a los datos de forma sectorial en los ámbitos económico, social, ambiental, global y productivo, sino también al nivel de equidad, deterioro o conservación ambiental, atención de los grupos de población más desfavorecidos, y repercusión o coherencia de sus políticas en terceros.

· Componente social: cuenta el acceso a servicios desde la perspectiva de los derechos humanos, así como las desventajas relativas que sufren las poblaciones discriminadas o menos favorecidas.

El ranking del componente social está encabezado por Islandia, Noruega y Suecia, un conjunto de países con ratios de escolarización que prácticamente rozan la universalidad y que cuentan con una elevada inversión pública en el gasto social y un altísimo grado de cobertura a la vejez mediante el sistema de pensiones. Además, en estos países existen buenos esquemas de prestación para las bajas de maternidad. En el ámbito de la salud todos estos países superan una esperanza de vida saludable media de 65 años.

Los 20 países con peor componente social pertenecen a la región África Subsahariana y la mayoría tienen renta baja. En la cola de la lista se sitúan Malawi, Tanzania, Etiopía, Mali y, por último, Níger.

· Componente global: se atiende a las responsabilidades cosmopolitas y a la participación de los Estados en los espacios de gobernanza global.

Argentina es el país situado en el primer puesto. Se trata de uno de los países que combina un mayor grado de compromiso con el marco internacional de derechos humanos, de justicia universal y de derechos de las mujeres con bajos niveles de militarización. Por el contrario, Omán es el país peor situado en el componente global. Los siguientes países peor posicionados en este componente son Arabia Saudita y Singapur. Los tres son países con un nivel de renta alta y con IDH muy altos.

· Componente ambiental: incorpora el deterioro sufrido y causado por los diferentes países.

Georgia y Albania (países de renta media) lideran la clasificación del componente ambiental. Se trata de dos países con poco uso de fertilizantes para uso agrícola, reducida huella ecológica, tanto por producción como por importación y, por último, limitados niveles de contaminación como resultado de la actividad agrícola. Sin embargo, el elevado valor del componente ambiental de estos dos países no se corresponde con un elevado grado de coherencia en el resto de componentes del ICPD.

Kuwait, Emiratos Árabes, Qatar, Trinidad y Tobago y Singapur son los países con peor valoración del componente ambiental. Tienen muy elevado nivel de emisiones de dióxido de carbono, demasiado uso de fertilizantes en la actividad agrícola y un alto índice de huella ecológica por producción.

· Componente productivo: trata de superar la lógica reduccionista de que “cuanto mayor cantidad de industria tenga un país, mejor.” Para eso, evalúa otros factores, como el gasto público en investigación y desarrollo (I+D), la extracción de agua dulce para uso industrial y la brecha de género en el acceso al empleo en este sector.

En las primeras posiciones del ranking se pueden encontrar países como Corea del Sur o Israel, con puntuaciones elevadas en las variables positivas para el desarrollo (por ejemplo, acceso a electricidad) y moderadamente bajas en aquellas otras que son negativas para el desarrollo (por ejemplo, presión turística excesiva).

Entre los 20 países menos coherentes en este componente predominan los países de África Subsahariana, con niveles bajos de desarrollo humano y renta, debido principalmente al déficit de infraestructuras y a un sector industrial de bajo contenido tecnológico, como muestran sus bajos valores medios del gasto en I+D. Angola y Sierra Leona ocupan los puestos penúltimo y último, respectivamente.

· Componente económico: se analiza no solo si un país reúne más o menos riqueza en su componente económico, sino si está adecuadamente distribuida y orientada con criterios de transparencia y responsabilidad global.

La República Checa y Noruega ocupan los dos primeros puestos en el ranking económico. Son dos de los países con unas políticas fiscales más redistributivas. La República Checa es, además, el país con mayor porcentaje de gasto en protección ambiental en relación con el PIB, mientras que Noruega es uno de los cinco países con mayores niveles de presión fiscal.

Singapur ocupa el último lugar del ranking económico, a pesar de ser considerado un país “desarrollado” o de ingreso alto según la clasificación del Banco Mundial. Esto se debe tanto a sus relativamente bajos niveles de presión fiscal y de reducción de la desigualdad, antes y después de impuestos y transferencias, como al gran tamaño de su sector bancario y, especialmente, a sus elevados niveles de opacidad financiera. Todas las variables parecen indicar no solo que las políticas económicas de este país no priorizan el bienestar de la mayoría de su población, sino que dificultan las posibilidades de desarrollo de otros países. Evidencia también que el nivel de renta de un país y su contribución o compromiso con el desarrollo global no van necesariamente de la mano.
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¿Qué diferencia hay entre el ICDP y otras formas de evaluar el desarrollo?

El ICPD sanciona y/o premia el comportamiento de los países en base a un enfoque y una apuesta por un desarrollo humano, sostenible, con perspectiva de género, ecologista, basada en los derechos humanos y profundamente cosmopolita, sin dar por hecho que los efectos e impactos de las políticas nacionales afectan únicamente a sus respectivas ciudadanías. Otros indicadores como el PIB o el IDH tienen un vínculo demasiado determinado por el crecimiento económico medido en renta per cápita, lo que no permite visibilizar otras dimensiones inherentes al desarrollo sostenible.
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¿Qué otros índices alternativos hay?

* Índices internacionales que miden el bienestar sostenible desde diversas perspectivas

  • Índice para una Vida Mejor: este índice permite comparar el bienestar en distintos países basándose en 11 temas que la OCDE ha identificado como esenciales para las condiciones materiales y la calidad de vida. http://www.oecdbetterlifeindex.org/es/

  • Happy Life Index: es un indicador que mide el bienestar sostenible para todos. Cuenta cómo de bien lo están haciendo los países en construir vidas largas, felices y sostenibles. http://happyplanetindex.org/

  • Informe Planeta Vivo: es un estudio exhaustivo, presentado cada dos años por WWF, sobre la evolución de nuestra riqueza natural y la salud del Planeta, que recoge una visión panorámica del estado de las especies, los impactos generados por el ser humano y las soluciones disponibles. Este análisis, realizado en colaboración con la Red de la Huella Global y la Sociedad Zoológica de Londres, analiza la tendencia de casi 15.000 poblaciones de más de 3.700 especies. http://www.wwf.es/noticias/informes_y_publicaciones/informe_planeta_vivo_/

* Índices que miden el impacto de la implementación de la Agenda 2030

  • Índice de los ODS: este índice permite que cada país evalúe su estado actual de progreso en comparación con sus homólogos (por ejemplo, los países de un nivel de renta dado o los situados en una región geográfica dada), con las metas de los ODS y con las “mejores” puntuaciones posibles en los diversos indicadores. http://sdgindex.org/

* Índice que mide el bienestar en España.

  • FOESSA: el informe aborda en mayor profundidad las consecuencias en el Estado Español de un modelo social que requiere de una perspectiva estructural (no solo económica, social o ni siquiera cultural), de una mirada amplia que nos permita desmenuzar nuestro proyecto social actual, las fragilidades que este encierra y las oportunidades de un nuevo modelo social que pueda hacer frente a estas situaciones.

http://www.foessa.es/
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¿Por qué no se centra solo en el crecimiento?

El ICPD constituye una herramienta útil para matizar el peso que la disposición de renta tiene en las percepciones sobre la riqueza relativa de los países. De hecho, el ICPD no utiliza entre sus variables la renta per cápita ni otros indicadores de renta similares, sino que se compone de otras variables que vienen a configurar el “estado de desarrollo” como el acceso a determinados servicios sociales, el cumplimiento de derechos humanos, o los niveles de distribución de la renta.

No obstante, existe una alta correlación entre el Ingreso Nacional Bruto (INB) y el ICPD que supone el 65’2%. Si se analiza el ranking del ICPD teniendo en cuenta la renta de los países, se observa cómo, los 27 países mejor posicionados pertenecen al grupo de países de renta alta según la clasificación del Banco Mundial. Al mismo tiempo, los dos países peor posicionados son países de renta media alta y alta, Angola y Singapur respectivamente.

Estos dos casos dispares indican la importante relación que tiene el ICPD, no con la simple disponibilidad de la renta per cápita, sino con el margen y las posibilidades que los países tienen para destinar recursos económicos suficientes a establecer políticas fiscales con mayor base fiscal, a mantener sistemas garantistas de derechos sociales y a emprender medidas de protección ambiental.

También existe una alta correlación entre el IDH y el ICDP del 76%. Si comparamos la clasificación del ICPD con la del IDH, los cambios en las posiciones de los países son numerosos y notables y reflejan las diferencias conceptuales entre el ICPD y el IDH. De hecho, de los 133 países solo tres presentan una posición idéntica en el IDH y el ICPD (Japón, Hungría y Armenia), lo que indicaría un comportamiento en coherencia de políticas para el desarrollo razonable dado su nivel de desarrollo humano relativo. Un conjunto de 53 países sufren un descenso de posición en el ICPD respecto de su puesto en el IDH, y 77 países obtienen una posición en el ICPD superior a la que obtienen en el IDH.

Sin embargo, hay tres países que, a pesar de tener una posición en el IDH alta, en el ICPD se sitúan muy por debajo:

Singapur

ICPD (posición): 133

IDH (posición): 11

Estados Unidos

ICPD (posición): 65

IDH (posición): 8

Suiza

ICPD (posición): 58

IDH (posición): 3

Si no hay otro modelo económico, los ODS no podrán lograrse. El desarrollo sostenible a largo plazo implica también tener en cuenta el cambio climático, el pacto de París, y por tanto, repensar el modelo productivo, de consumo, etc.

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¿Por qué 133 países?

En el primer informe del ICPD correspondiente a 2016 se examinan 133 países. Son el máximo de países con datos suficientes disponibles en las variables que componen el índice. En el proceso de construcción del ICPD se tuvieron que eliminar aquellos países para los que no existen datos fiables en un número de variables importante. Algunos países importante para los análisis sobre desarrollo no están incluidos, especialmente los países en conflicto bélicos (por ejemplo, Libia y Siria) y algunos países muy pobres (por ejemplo Haití, Afganistán, República Democrática del Congo, Sudán o Chad) no ofrecen datos fiables en un buen número de las variables seleccionadas, lo que supone una ausencia de países importante en las zonas de África Central, de Oriente Medio y del sudeste asiático. En las próximas ediciones del ICPD se incorporarán en la medida en que presenten datos fiables actualizados.
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¿Cuáles son las regiones que muestra el ICPD?

Los 133 países se han distribuido en ocho regiones atendiendo a criterios geográficos y geopolíticos con la pretensión de facilitar el análisis comparativo de los países respecto de sus entornos geográficos y políticos:

  • África Subsahariana: 31 países.
  • Europa, EEUU y Canadá: 30 países
  • América Latina y el Caribe: 21 países,
  • Región Asia Central y Europa Oriental: 19 países.
  • Oriente Medio y Norte de África: 13 países.
  • Región de Asia Oriental: 9 países
  • Asia del Sur: 6 países
  • Región Pacífico y Oceanía: 4 países.

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¿Cuál es el ranking de países? 

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¿Cuál es la posición y situación en España?

España se sitúa en el puesto 13 del ranking, aunque solo está a unas décimas de descender al grupo de países con ICPD medio.

COMPONENTE ECONÓMICO – Posición 33

thumbs-297591_640Variables que tienen que ver con la presión fiscal y la reducción de la desigualdad (aunque ahora es el tercer país europeo donde más crece la desigualdad, según la Red Europea   Contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN).

thumb-146098_640Penaliza el “tamaño del sector bancario con respecto al PIB”, pues su sector bancario es casi tres veces más grande que el tamaño de su economía.

COMPONENTE SOCIAL – Posición 41

Una de las peores de todos los países de la Unión Europea.

thumbs-297591_640En las variables positivas obtiene un buen resultado en casi todas. España penaliza poco en las variables educativas y muy poco en la variable que mide el porcentaje de empleos no                remunerados del total de empleo femeninos, variable que supone una aproximación a la                  medición del grado de precarización del trabajo femenino.

thumb-146098_640Tiene un mal resultado en la incidencia de los beneficios sociales en el quintil más pobre, la incidencia de hospitales por cada 100.000 habitantes y la duración de las bajas de maternidad.

COMPONENTE GLOBAL – Puesto 4

Es el tercer país que mejor posición tiene en este componente.

thumbs-297591_640Una de las razones es que está en el grupo de los países con menor gasto militar de toda la Unión Europea.

COMPONENTE AMBIENTAL – Posición 44

Cuenta con un desempeño medio en casi todas las variables positivas.

thumbs-297591_640Destaca su participación en tratados de pesca, donde su valoración es la más altas de todas las variables positivas.

thumb-146098_640Huella ecológica de un país. España ocupa la posición 12 de la UE, resultado de que cada ciudadano/a español/a utiliza casi cuatro hectáreas para consumir lo que importamos .

COMPONENTE PRODUCTIVO – Posición 66

thumbs-297591_640El elemento positivo es que España tiene los mayores niveles de cobertura eléctrica y de agua en el sector rural.

thumb-146098_640Diferencias de género importantes entre los y las trabajadoras industriales, y recibe un alto número de turistas. España obtiene una puntuación discreta en el gasto en I+D (zona media del gráfico, si bien gastando relativamente poco con respecto a los países que más gastan).

Los y las autoras del informe ICPD 2016 instan a nuestro país a tomar medidas en la garantía efectiva de los derechos sociales, a apostar por la transformación de la economía hacia una más sostenible y a generar un modelo productivo más avanzado.
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